jueves, 24 de mayo de 2012

Descubrí que el Paraiso puede encontrarse en el tacto suave de una piel,

que las caricias son más fuertes que los golpes, que los besos pueden hacerte volar; descubrí que había sentimientos insospechados en mi interior, que se puede reír y llorar al mismo tiempo, que es tan excitante querer como ser querido: descubrí, en definitiva, algo tan simple y tan complejo, tan vulgar y tan extraordinario, tan dulce y tal amargo, como el amor.